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viernes, 13 de noviembre de 2020

Nuevamente Trump: Los desafíos de la identidad nacional de los estadounidenses.

Joelvin Villarreal.
Los Estados Unidos de América no son una democracia, sino una república en su más amplio concepto de Estado. No existe en la constitución de ese país, ni en los papeles federales que la antecedieron, mención alguna sobre la democracia. Insistir en ese concepto dentro del sistema norteamericano es erróneo, y en ocasiones mal intencionado.

Las recientes elecciones en los Estados Unidos han develado el alcance de la pugna existente entre los intereses globalistas y los conservadores por el control de las instituciones políticas, especialmente la Suprema Corte de Justicia. Lo que está en juego a partir del 3 de noviembre de 2020 no es un cargo ejecutivo federal, el de la Presidencia, sino el concepto mismo de república.

En mi opinión, el enfoque narrativo que se ha esgrimido por parte de la campaña política del candidato demócrata ha sido dirigido en función de cuestionar la institucionalidad republicana con la cual se sostienen los Estados Unidos. Previamente a las elecciones, la Suprema Corte de Justicia se convirtió en el centro del debate político demócrata, y es que el planteamiento fundamental estuvo basado en la “necesidad” de ampliar el número de magistrados en el máximo tribunal federal. La elección de la magistrada Amy Conney Barrett en los términos y condiciones dispuestos en la constitución suscitó un debate desleal en función de cuestionar la legitimidad de la elección y posteriormente de la propia Suprema Corte. Se intentaron, además,  maniobras políticas de bloqueo al proceso, que finalmente no prosperaron.

Así mismo, a partir del debate suscitado el 3 de noviembre, se ha catalizado el cuestionamiento institucional a través del discurso producido desde la campaña demócrata con propósito del acontecimiento político. No solo se pretende minar la legitimidad de la Suprema Corte para dirimir la pugna electoral en base a legítimos reclamos surgidos por parte de la campaña republicana, sino que también, banalizar y satanizar lo derechos que corresponden al candidato Trump en tal sentido.

Se insiste en presentar una debilidad institucional en base a los reclamos del Presidente Trump debido al supuesto de la “necesidad” para cambiar en futuro próximo las reglas de juego electoral por cuanto el sistema “ha fallado”, siendo en este caso el colegio electoral lo más atacado en el discurso democrata. Yo no estoy de acuerdo con esa opinión. Mi defensa al sistema electoral norteamericano no está basada en una perfección inexistente en dicha institución para evitar fraudes, sino que por el contrario, siendo que el sistema puede ser vulnerado deja abierta la posibilidad de activar procesos institucionales, auxiliares, que permiten la verificación y corrección ante cualquier eventualidad. El sistema ha cumplido con su función.

De consumarse la pretensión discursiva demócrata, no tengo dudas, debilitaran la base institucional republicana, y a través del caos social presionaran en las cámaras para consumar su proyecto de ampliación de los magistradas de la Suprema Corte de Justicia e impulsaran luego los procesos de enmiendas constitucionales, siendo la segunda enmienda la primera víctima de dicha retorica.

Si bien es cierto, el partido demócrata está peleando la presidencia, su discurso está centrado en el debilitamiento institucional. Su aspiración contempla la concreción de un marco político convulso, propicio para ahondar en su agenda de transformación político-social de carácter globalista y profundamente antiamericana. Estamos en presencia de una pugna entre la América profunda y el multiculturalismo progresista: este escenario es, en sí mimo, y en su sentido más amplio, el desafío de la identidad nacional de los estadounidenses.

sábado, 12 de noviembre de 2016

¿Por qué Trump?: Los desafíos de la identidad nacional estadounidense; la renovación de la identidad occidental.

Joelvin Villarreal V Cs Políticas
En el verano de 1993 la revista científica norteamericana Foreign Affairs  publicó un artículo al cual tituló  "The clash of Civilization?" , donde el profesor Samuel P Huntington reflexiona sobre algunos elementos políticos presentes en las relaciones internacionales del mundo moderno. La polémica suscitada por dicho artículo, y su tergiversación, llevaron al profesor Huntington a desarrollar toda una tesis que finalmente quedó expuesta en un libro titulado “EL CHOQUE DE CIVILIZACIONES Y LA RECONFIGURACIÓN DEL ORDEN MUNDIAL”; publicado luego en español por la editorial Paidos en 1997.

Lejos de aplacar los ánimos en el mundo de la ciencias políticas el libro de Huntington desató una polémica que aun hoy día continua enfrentando – en el buen sentido- a quienes consideran que la política global se está manifestando conforme a criterios civilizacionales por un lado, y por el otro, a quienes consideran que no existe tal criterio. Lo curioso es que en la última parte del libro Huntington se dedica a describir el futuro de las civilizaciones y al hacerlo parece que nos ha dejado una visión profética que tras los últimos acontecimientos mundiales comienza a materializarse.

Escribiría Huntington en la quinta y última parte del choque de civilizaciones: “Algunos estadounidenses han promovido el multiculturalismo dentro de su país; otros han promovido el universalismo fuera de él; y los hay que han hecho ambas cosas. El multiculturalismo dentro del país amenaza a los Estados Unidos y a Occidente; el universalismo fuera de él amenaza a Occidente y al mundo. Ambos niegan la unicidad de la cultura occidental. Los monoculturalistas a escala mundial pretenden hacer el mundo como Estados Unidos. Los multiculturalistas quieren hacer Estados Unidos como el mundo. Un norteamericano multicultural es imposible porque unos Estados Unidos no occidentales no son estadounidenses. Un mundo multicultural es inevitable porque un imperio planetario es imposible. La preservación de los Estados Unidos y de Occidente requiere la renovación de la identidad occidental. La seguridad del mundo requiere la aceptación de la multiculturalidad a escala planetaria.”

Hillary Clinton representó en esta campaña los intereses del multiculturalismo dentro de los estados unidos y fuera de él, por el contrario; Trump representó la defensa de la unidad nacional porque comprendió que la preservación de los Estados Unidos y de Occidente requiere la renovación de la identidad occidental. La pregunta en esta campaña no era sobre quien ganaría las elecciones, sino más bien ¡¿si habría una reafirmación de la identidad nacional estadounidense?!. En estas elecciones no sólo se jugaba el futuro de Norteamérica –potencia central de occidente- , sino que además y, por añadidura; de la civilización occidental.

Desde el punto de vista de las ideologías me parece que el Sr. Trump es un hombre de la llamada derecha mala según algunos autores, o en mi caso prefiero etiquetarlo simplemente como un mercantilista. Un mal menor que el que pudiese haber ocurrido de ganar la Hillary; una izquierda socialista mucho peor. Ahora bien, llamarlo populista de buenas a primeras tampoco es el caso; el señor es políticamente incorrecto y supo manejar el realismo político sin renunciar a su ética: Alguien tendrá que llegar a Venezuela más o menos en el mismo plan del sr Trump... usando lo que desde el principio de la campaña comenté en mis redes sociales: Los desafíos de la identidad nacional, en su caso, la occidental; en el nuestro la Latinoamericana. Venezuela y EEUU respectivamente son estados centrales dentro de sus propias civilizaciones, un análisis político comparado de esta situación sería muy conveniente.

De momento los grandes perdedores en esta campaña han sido: "los políticamente correctos", el establishment, los grandes señores de los medios de comunicación progres, las falsas encuestadoras, y la política progre en general.

En CNN se preguntan el por qué se están "pelando" las grandes encuestadoras, por ejemplo con los resultados del Brexit, el plebiscito de Colombia, y ahora las elecciones en EEUU.

Yo les respondo: Esas organizaciones mercantilistas de manera irresponsable han estado vendiendo resultados - para nada científicos- a grandes corporaciones políticas y medios amarillistas como parte de sus campañas electorales. Han perdido la seriedad y la gente les ha restado credibilidad, es decir; legitimidad. Han estado dañando la imagen de una ciencia tan bonita como lo es la estadística y las proyecciones a cambio de 4 lochas. Vergüenza.

Los opinologos: una serie de personajes y, entre ellos de forma más reiterada; los artistas, se han dado a la tarea de saturar los grandes medios de comunicación masiva con opiniones de todo tipo que van desde el aspecto cultural a lo político, y no hay problema con dichas opiniones excepto cuando le quieren dar un carácter científico a algo que no lo tiene, peor aún, las venden como verdad irrefutable y a prueba de críticas; se han vuelto unos expertos en el arte de la manipulación de masas. Una de las mentiras mejor vendidas en esta campaña, por lo menos en Latinoamérica, fue la afirmación de que los grandes electores en estados unidos son los latinos: muy buena la pregunta que hacía Patricia Janiot en CNN a los “analistas” especiales tras definitivamente observar la tendencia que daba por ganador a Trump. ¡¿Por qué a los latinos se nos vendió una falsa expectativa de que seríamos nosotros quienes pondríamos al próximo presidente de los estados unidos?!

No hubo sorpresa para quienes habíamos leído a Huntington, si bien es cierto no podríamos afirmar quién ganaría la elección, si sabíamos que el resultado iba a ser de fotografía: muy ajustado. Quienes daban a Hillary una victoria segura y apabullante son unos opinologos irresponsables; parcializados políticos; o simplemente mercaderes electorales.   

Trump ganó porque desde el inicio su discurso estuvo enfocado en la teoría de Huntington, logró  personificarse en el americano de cepa, sus ideas son las ideas de Norteamérica; no son las de china, Latinoamérica, o Rusia, y mucho menos las musulmanas.  En su primer discurso como candidato electo Donald Trump, aunque con un aire muy distinto al de su campaña, mantuvo los elementos esenciales de la teoría del choque de civilizaciones, y muy especialmente los presentes en el quinto corolario, a saber:

 “Quinta parte: la supervivencia de Occidente depende de que los estadounidenses reafirmen su identidad occidental y los occidentales acepten su civilización como única y no universal, así como de que se unan para renovarla y preservarla frente a los ataques procedentes de sociedades no occidentales. Evitar una guerra mundial entre civilizaciones depende de que los líderes mundiales acepten la naturaleza de la política global, con raíces en múltiples civilizaciones, y cooperen para su mantenimiento”.

Mi gran amigo Juan Carlos Sosa Azpurúa comentaba en días recientes “si algo claro nos dejó la victoria de Trump es que nada en el mundo está predeterminado, nada”

Por su parte mi estimado profesor Gendrick Moreno me escribió al facebook diciendo: Venció la tesis de las "políticas de identidad" y no la ideología como sistema de ideas. Y así fue, la campaña de Hillary se enfocó en el elemento ideológico progresista que pregona, entre muchas otras cosas, el multicultiralismo, y por eso fracasó.

Finalmente debo añadir que estamos asistiendo, y en primera fila, a la reconfiguración del orden mundial... para bien o para mal.

PD: existen muchísimos otros elementos para seguir escribiendo sobre este tema en particular pero, es imposible abarcarlo todo en pocas líneas. 

Joelvin Villarreal V Estudiante de ciencias políticas. 

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@JoelvinRV Twitter. 


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