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viernes, 15 de mayo de 2020

LA REVOLUCIÓN ES UNA SOLA: ¿CUÁNTOS ESTÁN DISPUESTOS A CAMBIAR SU LIBERTAD POR SEGURIDAD?

Joelvin Villarreal V
Varios súper tanqueros Persas atraviesan el mediterráneo, uno de ellos ya entró al Atlántico. Su misión es proveer al régimen chavista del combustible necesario para sostener las precarias condiciones de revolución. El 6 de Junio estará llegando a puerto venezolano el primer cargamento, a menos que condiciones extraordinarias lo impidan.

La revolución es una sola, repite Noel Leal, y tiene razón. Cuando Irán atravesó por dificultades similares, fue PDVSA  quien la auxilio. No es la primera vez que el régimen chavista y los Ayatollah se confabulan para evadir sanciones de la OFAC: en 2012 PDVSA recibió la primera advertencia de sanciones en su contra por parte de los EEUU, esta se debió al auxilio de la estatal venezolana en proveer de diesel al régimen de Bashar Al Assad por petición de los iraníes. Antes de esa fecha, informes de inteligencia aseguraban que a través de PDVSA se estaba triangulando el crudo iraní que por aquellos días estaba vetado del mercado internacional por motivos de las sanciones impuestas tras el polémico programa nuclear persa. Esa situación va mucho más allá de favores devueltos, se trata de una agenda revolucionaria común diseñada para confrontar los intereses globales de los EEUU: en este punto, revolución es una sola.

Siria, según Joseph Humire, es el campo de ensayos para lo que va a suceder en Venezuela. Bashar Al Assad ha resistido cualquier cantidad de situaciones adversas, en muchas ocasiones se llegó a considerar perdido, y sin embargo allí permanece, e incluso cada día goza de mayor estabilidad.  En este mismo orden de ideas Maduro se aferra al poder, y utiliza toda la experiencia político-militar de los regímenes totalitarios modernos para sortear su caída. No hay duda, está dispuesto incluso a confrontar militarmente con los EEUU, aunque tratará de evadir dicho escenario.

La teoría del caos ha sido la herramienta socio-política más exitosa de la humanidad, los regímenes que han logrado llevarla a cabo difícilmente son apartados del poder por vías convencionales. Una combinación de ignorancia y miedo aplicada en un escenario político donde el liderazgo político  cuenta con el poder militar cohesionado en la personificación de un ente, llámese líder carismático o ideal revolucionario,  conlleva a la consecución permanente o muy prolongada del poder con la anuencia de la propia sociedad que es víctima del complot político.

La situación “adversa” que enfrenta el régimen chavista con respecto a la escasez de combustible ya había sido puesta en agenda, es decir, forma parte de su proyecto político totalitario. La pandemia global sin duda facilitó la ejecución de esa agenda, e inclusive le permitió al chavismo manejarla de forma menos violenta, caótica, de lo que inicialmente pudo ser prevista.

El discurso anti-imperialista que implica la personificación del “enemigo” externo, representa en este caso al factor llamado “la amenaza”. La constante narrativa de acusación y victimización por concepto de agresión a través de sanciones retroalimenta y fortalece esa posición.

“Las sanciones nos impiden el acceso a recursos para atender salud, alimentación, y servicios públicos básicos en general”. En este sentido el chavismo personaliza la agresión, es decir, le hace creer al individuo ciudadano que él mismo es el objeto de la agresión, la víctima. Por supuesto eso también le genera al sujeto un estado natural de ansiedad e incertidumbre por el futuro. Su estatus de seguridad comienza a ser quebrantado. En individuos adversos al chavismo, este discurso ha permitido que se cuestione la estrategia norteamericana y se le considere desenfocada del verdadero objetivo, es decir, el régimen. En ambos casos, tanto el chavista como el opositor, perciben la agresión como una amenaza propia y no contra el régimen.

La escasez de gasolina, servicios básicos, el confinamiento por la pandemia, han generado un tipo de caos distinto al diseñado por el régimen inicialmente pero, funcional y menos adverso. La situación se ha prestado para poder introducir el objetivo clave, aquello que realmente se busca capitalizar de dicha situación, el control social. Un rumor mide el nivel de ansiedad, es decir, hasta donde la sociedad está dispuesta a “intercambiar” su libertad por “seguridad”, lo que la sociedad considera normalidad.

“El régimen va a re-diseñar el esquema de distribución de gasolina, privatizaran las Estaciones de Servicio E/S, y la gasolina costará poca más o poco menos de un dólar americano”.  En una situación donde un público élite está acudiendo al mercado paralelo para adquirir el litro de gasolina en un orden aproximado de tres dólares americanos, el rumor del aumento se percibe como alivio: “Pero podremos trabajar”.  Así es aceptada la nueva realidad.

El régimen consigue: a) un nuevo negocio para sus testaferros y aduladores; b) aumentar el precio de los combustibles evitando comprar gasolina en el extranjero a precio de perdida, al tiempo que se sacude el problema de las refinerías paradas; c) excluye con el nuevo precio a una cantidad importante de usuarios. Lo que permite reducir la capacidad de movilidad social. D) desmoraliza a opositores y moraliza a sus afectos: “Hemos derrotado el bloqueo de los EEUU”. E) La nueva dinámica fortalece la vulnerabilidad y dependencia social al estado, los precios de productos básicos se verá afectado y la capacidad adquisitiva de muchos venezolanos continuará con su desplome.
Dentro de todo este esquema hay que esperar por el desarrollo de dos factores importantes: a) como se va desarrollar el pico de la Pandemia en el país; b) La reacción de los intereses internacionales al respecto de la situación geopolítica derivada de esta dinámica de relación con los iraníes.

Sin duda la teoría del caos es la protagonista de los actuales eventos políticos sociales en Venezuela. Preocupa la escasa o nula respuesta de los factores de oposición a la agenda desarrollada impunemente por el chavismo y sus aliados.

Joelvin Villarreal V.

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miércoles, 13 de mayo de 2020

Apartheid Chavista: Genocidio por hambruna.

Joelvin Villarreal V
Régimen chavista excluye a comerciantes formales|

El régimen chavista ha impuesto un apartheid que excluye injustamente al comercio formal de la búsqueda del sustento diario.

Mientras los buhoneros, que no pagan impuestos, tienen derecho a trabajar, los comercios formales deben permanecer cerrados. Hay una desigualdad de trato ciudadano. Si unos tienen derecho a buscar su sustento, ¿Por qué los otros no?

En mercados municipales como las pulgas y la Curva los buhoneros trabajan con precarias o nulas condiciones de salud. No hay autoridad que haga cumplir cuarentena. ¿Por qué a ellos sí, y al comercio formal no? Siendo que este último opera con mejores condiciones de salubridad.

No hay justificación moral para obedecer a una autoridad que además de usurpadora es inmoral, injusta, se articula para la desmovilización social y excluye de oportunidades de supervivencia a los ciudadanos. El comercio tiene derecho y justificación moral para abrir.

Los norteamericanos fundaron su país a raíz de una discusión con los ingleses porque estos últimos le subieron los impuestos a los productos Americanos. ¿No somos capaces de comprender ese concepto político de libertad? Es inmoral que obliguen a cerrar negocios.

El modo con el cual se lleva esta cuarentena es inmoral. Se trata más bien de medidas de #ApartheidChavista. Unos ciudadanos, irresponsables por demás, tienen derecho a trabajar, mientras que otros, más responsables, están siendo excluidos y vulnerados.

No se trata de arremeter contra un sector empobrecido por el socialismo, sino más bien de arremeter contra la irresponsabilidad y la injusticia. El comerciante formal debe abrir sus negocios, y los buhoneros deben ajustarse a derecho además de cumplir con medidas de salubridad.

Por otro lado, la solución a los venezolanos no pasa por entregar bonos de miseria. Se trata más bien de fomentar las condiciones políticas que permitan la libertad económica, único método efectivo para la creación de riquezas.

Para sobrevivir a esta pandemia es imperativo que la actividad comercial comience a operar de manera responsable y con normas de salubridad estrictas. La gente necesita ejercer su legítima libertad de trabajo para poder obtener los recursos mínimos con los cuales aguantar este chaparrón.

Apelo a la conciencia ciudadana y al deber ser.

Joelvin Villarreal V
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sábado, 2 de mayo de 2020

Occidente Vs El Terror: Las nuevas hipótesis de guerra en América Latina.

Joelvin Villarreal
La inocencia propia del Caribe parece no advertir el acecho de la guerra. Si bien es cierto América latina no es ajena a los conflictos armados, estos tienden a desarrollarse de formas no convencionales: Las guerras civiles centroamericanas, la violencia asociada al narcotráfico, es decir; guerras de guerrillas por lo general. Es poco común en esta zona del mundo el desarrollo de conflictos a gran escala que impliquen bombardeos a centros urbanos, combates callejeros entre fuerzas armadas artilladas, grandes batallas aéreas, o navales.

La guerra de las Malvinas conmovió e impactó a la región por la naturaleza de los combates que se desarrollaron, a pesar de ello, su tiempo de duración fue corto: a penas dos meses. Luego tuvimos la guerra del CENEPA, mucho más corta que la anterior. Ambos conflictos se desarrollaron en teatros de operaciones bien definidos y distantes de las grandes urbes. La guerra en Latinoamérica se observa como un fenómeno lejano, impropio. A pesar de nuestros conflictos internos, nuestro imaginario colectivo sobre la guerra suele pensarla como algo que solo ocurrió en Europa, o que solo ocurre en el Medio Oriente.

Cuba, Panamá y República Dominicana tal vez son raros ejemplos de guerras de alta intensidad ocurridas en la era moderna latinoamericana:  Batallas artilladas, bombardeos, disparos de todo tipo en medio del barrio, la urbanización, calles y avenidas. Allí la guerra se vivió en primera persona. ¡Como en las películas! , me dijo alguna vez un transeúnte.

Venezuela representa una amenaza seria e inusual para la seguridad nacional de los EEUU, situación seria e  inusual verdaderamente.

Bastante inusual resulta observar un despliegue milita,r de la magnitud con la cual se ha desarrollado el actual "operativo antinarcóticos", en el Caribe y Pacifico Oriental por parte de los EE.UU. y algunos aliados de la OTAN: Francia, Holanda, y Reino Unido. En el actual despliegue se incluye  el envío de poderosos destructores al teatro de operaciones, asi como de buques de apoyo en combate y logística, aviones de vigilancia y guerra electrónica, e incluso se sospecha la presencia de submarinos dentro de dicho despliegue.

Un misil TomaHawk cuesta 16 millones de dólares, se trata de un sistema de armas ofensivas cuyo radio de acción supera los 1000 kilómetros. Mover tal cantidad de aviones y buques representa un costo millonario para los Estados involucrados, por tal motivo se infiere que algo grande está por ocurrir en la región. Los activos aeronavales dispuestos en el hemisferio no están concebidos para llevar a cabo operativos de bajo nivel, como lo es cazar pequeñas lanchas, submarinos artesanales, o avionetas: sería ilógico, un desperdicio de dinero tomando en cuenta que existen activos más económicos y enfocados para dicha tarea. A este panorama se suma una orden ejecutiva que activa la reserva de los EEUU y donde se especifica textualmente que estos efectivos irán destinados a dicho operativo antinarcóticos.

El constante aumento de activos aeronavales, y el llamado a la reserva, parece coincidir con los protocolos militares que se activan en los EE.UU. antes de un conflicto armado, como lo fue el caso de la guerra del golfo de 1991, la invasión de Irak en 2003, entre otros. Sumado a ello, las tensiones con Irán, aliado clave del régimen chavista, se vuelven a poner en la palestra de la opinión pública, tanto en Medio Oriente como en el Caribe. En el primer caso Trump ha ordenado disparar contra cualquier buque iraní que represente amenaza contra naves de los EE.UU., y en el segundo de los casos, me refiero a los constantes vuelos realizados desde Teherán hacia la península de Paraguaná, en Venezuela, por parte de Mahan Air, una aerolínea sancionada y acusada por los EE.UU. de transportar tropas y material bélico en apoyo a grupos terroristas. Existen indicios que pudiesen sustentar la tesis de que Mahan Air esté abasteciendo a Venezuela de combustible para cohetes de mediano alcance instalados por las fuerzas Quds en el estado Falcón.

De los varios escenarios que se pudiesen presentar en el hemisferio, concretamente en el caso de Venezuela, se me ocurre plantearme una nueva hipótesis de conflicto en la región: Lo que he descrito en párrafos me induce a sospechar que los EE.UU. se han planteado la idea de realizar una operación militar contra las bases de la droga en la región para golpear las redes que alimentan la operatividad de las fuerzas chavistas y del terrorismo internacional.

Tomando como punto de partida las acciones llevadas a cabo por EE.UU. y aliados en el medio oriente contra grupos terroristas, a los cuales el chavismo se ha asociado, me inclino a plantear una hipótesis donde las fuerzas aeronavales de los EE.UU. y sus aliados emprendan una acción militar destinada a identificar la posición de los laboratorios, pistas, puertos, y ubicación de las cabezas del narcotráfico en México, Colombia y Venezuela con la posterior intención de lanzar una ofensiva aérea destinada a fracturar la capacidad logística y financiera de estos grupo criminales.

Sería un cambio de estrategia fundamental, el narcotráfico recibiría un mensaje contundente que cambiaría por completo la dinámica con la cual se desarrolla esa actividad el Latinoamérica. La tecnología moderna permite revolucionar la guerra contra el narcotráfico así como fue posible redimensionar la guerra contra el terror. Grandes obstáculos físicos, como la selva, han podido ser superados por la tecnología, la cual es capaz de identificar posiciones complejas que en el pasado hubiesen resultado imposibles.

Un operativo de esta magnitud no encontraría resistencia política o moral, al tiempo que le permite a los EE.UU. debilitar aún más a los Estados y grupos armados que operan el narcoterrorismo internacional. El régimen chavista sin petróleo y cocaína quedaría expuesto ante una posterior fase de guerra convencional, escenario que aún se mantiene en el tapete debido a la compleja situación de juego de poder geopolítico e interno de la nación sudamericana.  Es imperativo para la seguridad nacional de los EE.UU., para la región, y para la estabilidad global, devolver a Venezuela a un estado de prosperidad.  

En el Caribe parecen no advertir sobre la proximidad de una guerra convencional a escala mayor que lo ocurrido en Panamá aquel año de 1989.

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